Diario de abordo Cap1. Mira que niña tan bonita, ¿Cómo se llamará?

Breve introducción

Desde hace años, cuando la gente me conoce un poco más siempre me acaba diciendo, ¿Por qué no escribes tu historia?.

No sé si acabaré haciéndolo pero este va ser un comienzo de eso de mis memorias y recuerdos.

Lo primero que debéis saber es que no soy una persona relevante en ningún ámbito político, sociológico o cultural, por lo que si buscáis epifanías sobre famosos os recomiendo que hagáis click inmediatamente en el siguiente enlace: Sigue este enlace por siempre jamás

Bien, ya podemos continuar y como toda historia voy a empezar por el principio, lo que recuerdo, conozco de mis más tiernos años de vida.

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Nací en Zamora a principios de los 80 y a los dos o tres días de nacer fui llevada a la ciudad donde crecería hasta los doce años más o menos.

Hablaré de esta ciudad en abstracto como la ciudad en cuestión ya que en verdad pretendo ser tan sincera en esta historia que prefiero no quede asociada a mi persona real salvo para unos cuantos allegados que puedan identificarme.

Mi madre proviene de una familia numerosa de un pueblo del interior de Castilla, mi padre de otra familia numerosa de ubicación difícil de definir y ya aclararemos este punto puesto que tampoco es exceso relevante, no al menos de momento. La suya no fue una historia de amor al uso, en verdad por lo que sé ni siquiera fue una historia de amor, y mucho menos para aquellos tiempos de Suarez y Naranjito, post-dictatoriales.

Pero antes pongámonos un poco más en contexto. Es obvio señalar que esta parte de la historia me ha sido relatada de diversas fuentes familiares.

Mi madre tenía un piso, lo acababa de comprar con su trabajo en la panadería local.

En esa época ella trabajaba en el Hospital clínico de la ciudad, trabajaba en la cocina y se sentía a gusto con su trabajo, pero quería quietarse pronto la hipoteca, o vete tu a saber porqué, el caso es que alquilaba habitaciones dentro del piso en el que vivía, como si de un hostal se tratase, y así completaba el sueldo.

Un día apareció mi padre, alto, con el pelo rizado y unos ojos claros hermosos, había sido camionero y ahora estaba inválido, se acaba de separa de su mujer y aparecer en la casa de mi madre queriendo ajusticiar una deuda de celos que con él habían contraído durante su convalecimiento. O dicho de otro modo más vulgar se presentó con una pipa en mano para matar al susodicho que le había dejado cornudo, o eso me contaron.

Al parecer mi padre, hijo de alto mando del ejército, se había casado con una madrileña, y ejercía en Madrid de mecánico especializado en cierto tipo de motores de camiones y camionero.

Tubo una hija con esta mujer, sí, tengo una medio hermana que nunca conoceré hasta la fecha y dudo que lo haga algún día .

Estuvo varios años viviendo con ella por lo que sé, no sé cuantos. Me contaron que una vez el se hallaba probando una modificación que le había hecho a uno de sus motores en un camión, al parecer era algo espectacular, conseguía hacer que el vehículo fuese rapidísimo para época, pero tubo mala suerte y bajando un puerto de montaña en una curva cerrada se encontró con un turismo en el que venía una familia por el centro de la carretera, él iba demasiado rápido para hacer ninguna maniobra, sólo dos opciones, o los arrollaba o se tiraba al precipicio, eligió lo segundo.

Como consecuencia sus estuvo 3 días desaparecido, perdido en ese barranco hasta que lo encontraron, y sus piernas quedaron bastante chamuscadas, yo nunca le vi andar normal. Estuvo un tiempo debatiéndose entre la vida y la muerte.

La historia que mi me contaron fue que en ese tiempo su mujer le dejó y se enrolló con otro señor, según cuentan las malas lenguas ella sólo estaba con el por su dinero y posición, así que cuando cambiaron las tornas y mi padre se debatió entre la vida y la muerte ella le abandonó. Cuando el se recuperó y pudo volver a caminar ayudado del que sería su bastón hasta el final de sus días llegó a la ciudad donde mi madre habitaba con su improvisado hostel.

Mi madre dice que él bebía mucho en aquella época y que tenía mucha ira, claro que no es bueno creer todo lo que mi madre dice. Mi padre era 11 años mayor que ella, aunque ella ya tenia unos 30 por aquel entonces. Nadie sabe como llegó a ocurrir nada entre ellos, sin casarse, sin largo noviazgo, las historias son variopintas. Para que se entienda mejor hay que señalar que mi madre era y es extremadamente católica y seguramente seguía entera a tal edad.

maxresdefault (1)Fuese como fuere, está claro que algo pasó entre ellos que me trajo a mi al mundo a los 9 meses.

No recuerdo nada de mi nacimiento, supongo que como cualquier niñ@, si lo intento las imágenes se  mezclan con otros datos , estímulos similares de películas u historias.

Recuerdo cosas de bebé, recuerdo un montón de caras asomadas a mi carrito, yo no les entendía y me parecían tontos por que daban gritos y hacían tonterías, recuerdo la mesa de mi cocina que era como un castillo de alta, inescalable, recuerdo la cara de susto de mi madre la primera vez que mi padre me dio de comer pescado, ¡Qué se va a atragantar, no sabe quitar las espinas!, pero yo ya las estaba quitando así que se relajó, recuerdo a mi padre entrando borracho en casa y yo no entender qué le pasaba, y cogerle de la mano y tratar de decirle: Mira papa yo te enseño a andar, he aprendido hace poco, y mi padre mirarme con la más absoluta de las ternuras e intentar disimular para que yo no me diese cuenta.

Yo no hablaba, no hablé hasta los 3 años casi, entonces hable como los locutores de radio diciendo frases completas y correctas con un rico vocabulario, al mismo tiempo aprendí a leer, pasaba la mayor parte del tiempo dibujando.

A partir de aquí los recuerdos son confusos en su cronología, me llevaron al jardín de infancia, se turnaban por las mañanas pero siempre me llevaban tarde y en taxi.

Seguíamos viviendo en ese piso y yo correteaba entre la gente.

En el jardín de infancia me «enamoré» por primera vez, se llamaba Norman y toda su hazaña fue sonreírme, creo que fue la primera persona con la que tuve algún tipo de conexión humana, también creo que nunca llegamos a hablar, nos pegábamos  por un juguete que tiene figuras geométricas que has de encajar en su correspondiente hueco, ese y el teléfono eran mis juguetes favoritos de guardería, eso y comer hormigas, bueno pasaba horas observándolas, me preguntaba donde iban cuando entraban por el agujero, y ponía a una en el hormiguero de otra y observaba atónita como era rechazada por las otras hormigas, no entendía porqué , para mi eran todas iguales, todas eran hormigas.

Entre hormiga y hormiga vino mi madre a buscarme y no le hizo mucha gracia la escena de verme cubierta de tierra, tirada en el suelo comiendo hormigas, así que tubo la feliz idea de cambiarme de jardín de infancia. Esto debería haber sido algo fácil y natural pero ya desde entonces todo apuntaba que mi genio o por las circunstancias en mi vida nada sería fácil ni natural.

Trataré de describir los acontecimientos con la mayor veracidad y fidelidad que la memoria me permita.

02-img-6Después de recogerme del suelo previa bronca apoteósica con mi cuidadora del jardín de infancia habló conmigo. Mi madre me hablaba como si de una persona adulta se tratase, me explicaba las cosas con naturalidad, me hizo entender que no iba a volver a ese jardín de infancia.

– ¿ Entonces, no podré volver a ver a Norman? dije yo entre una perplejidad absoluta con la angustia contenida.

-¿ Quién es Norman?, preguntó mi madre con mayor perplejidad si cabe.

-Mi novio. Dije yo con toda la solemnidad que una niña de 3 años es capaz

Mi madre creo que usó su mejor cara de poker tras varias preguntas insidiosas y fuera de lugar en dicho contexto, para explicarme que no, que no volvería a verlo.

Rompí a llorar, y estuve deprimida todo el verano, hasta el momento había sido dócil, risueña y tranquila, pero a partir de entonces no dejaba de preguntar por Norman y chillar, a tanto llegó el tema que mi madre decidió preguntar por el niño en las guarderías, ya que también lo habían cambiado de jardín de infancia.

Hay que decir que obviamente no estaba enamorada de él, pero yo si lo creía a pies juntillas y por otra parte era una buena forma de testear a «mis mayores».

Nunca lo encontramos, así que mi madre decidió meterme en un colegio concertado religioso de monjas.

Ella es extremadamente religiosa, a veces rozando la enfermedad y el fanatismo, de hecho en aquella época solía decirme que yo era especial, todo ello traería sus consecuencias más adelante.

Ya debería de tener como unos 4 años, era la época donde la heroína hacía estragos, y tanto plazas como parques estaban infestados de jeringuillas.

Recuerdo mi primer día de párvulos en mi las Teresianas.

Íbamos caminando muy rápido con prisa por un patio grande, subimos unas escaleras, mi madre y yo, de un edificio pequeñito, cercano a uno inmensamente más grande, me dejaron en un aula con otros niños y mi madre se fue a rellenar papeles, yo miraba el aula y a las otras niñas, las teresianas es sólo de niñas, me gustaba ese nuevo lugar, pero entraron mi madre y la profesora, al parecer esa no iba a ser mi clase, me cambiaron a otra clase y allí empezarían mis peripecias infantiles que relataré el siguiente día que me sienta con ánimo ganas y tiempo.

Un abrazo a tod@s los inicien conmigo este viaje, puedo prometerles que se sorprenderán.

Un saludo!

 

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